Así es Funchal, la capital de la mejor isla del mundo

A pesar de que Madeira es un importante destino turístico, su ciudad más importante es una gran desconocida

Madeira es la mejor isla del mundo. No lo afirmamos nosotros, lo dicen los World Travel Awards , los prestigiosos galardones que desde hace cuatro años reconocen a este archipiélago portugués, situado frente a las costas del noroeste de África, en pleno Atlántico, como el mejor destino insular del mundo .

En la elección, algo de lo que se enorgullecen sin disimulo sus habitantes, influyen sin duda el clima, sus extraordinarios y variados paisajes de acantilados y altas cima de origen volcánico, los bosques de laurisilva, las pequeñas calas de piedra, y cómo no, la belleza y la singularidad de su capital: Funchal.

El origen de su nombre, funcho -hinojo en la lengua lusa- nos anticipa un paraje sorprendente. Y es que la ciudad fue fundada en el siglo XV en una bahía iluminada por el sol, donde crecía el hinojo. Casi 600 años después descubrimos una urbe moderna, modelada por el ir y venir del comercio internacional, que ya cuenta con 112.000 habitantes.

Arte y buena cocina en la zona Velha

Empezamos nuestro pequeño recorrido en la zona Velha, el casco antiguo de Funchal, un barrio con mucho carácter, de estrechas calles adoquinadas y casas viejas que ha renacido de sus cenizas. Tras años de degradación, un grupo de artistas locales ha logrado devolverle la vida a través de una iniciativa de street art, bautizada como Arte de Puertas Abiertas.

Hoy es un rincón pintoresco, de casas con puertas coloridas, repleto de pequeños restaurantes y tiendas que, al caer la noche, rebosa de ambiente gracias a los numerosos bares. La rúa de Santa Maria es el epicentro y la calle más popular y animada, en la que se impone detenerse y probar especialidades típicas de Madeira como el pez espada con plátano frito, el pan de mantequilla de ajo, la espetada de carne a la barbacoa o el bollo de miel, y tomar una copa con los acordes de fondo de la música de un fado.

A menos de cinco minutos de la rúa de Santa Maria, encontramos el fuerte de Sao Tiago, una de las tres fortificaciones de Funchal que todavía se mantienen en pie. Construida para defender la ciudad de corsarios y piratas, la distinguimos a lo lejos, por su color amarillo intenso. Su interior alberga el Museo de Arte Contemporáneo, con una colección de arte portugués de los años 60 y exposiciones de carácter temporal.

Al Monte

Todavía en el casco antiguo, no perderemos la oportunidad de viajar en el teleférico que une la ciudad con Monte. Superado un trayecto de unos 15 minutos, que nos regalará hermosas vistas, podremos pasear por el jardín botánico y acercarnos hasta la iglesia de Nossa Senhora do Monte, la patrona de Madeira. En su interior descansan los restos de Carlos I de Habsburgo-Lorena, el último emperador de Austria, que permaneció en la isla tras su exilio al finalizar la Primera Guerra Mundial.

Todavía en Monte, resultaría imperdonable pasar por alto el Jardín Tropical Monte Palace, un hotel del siglo XVIII restaurado y convertido en un gigantesco jardín de siete hectáreas en las que encontramos desde cisnes a pavos reales, flores y plantas tropicales de distintos lugares del mundo, lagos, esculturas o templos, sin olvidar los antiguos azulejos portugueses. Antes de disponernos a regresar al centro de la ciudad, aprovecharemos la ocasión para contemplar vistas panorámicas realmente espectaculares.

De bajada, prescindiremos del funicular y optaremos por un descenso más “tradicional” e indiscutiblemente más emocionante a bordo de un carro de mimbre, a modo de trineo, sujeto a unos rieles engrasados que se desliza por las cuestas empinadas, conducido por los famosos carreiros do Monte. Vestidos con camisa y pantalones blancos y sombrero de paja, dos hombres emularán los antiguos transportes de alimentos que se realizaban a través de este medio.

De nuevo en la ciudad

La experiencia ha valido la pena. De nuevo en el centro histórico, aprovechamos la ocasión para visitar la catedral de la Sé, un templo con cinco siglos de historia de innegable valor. Vale la pena contemplar su retablo, sus delicado techos de madera, la sillería del coro de la capilla mayor o la cruz procesional ofrecida por el rey Manuel I realizada en plata, una de las obras maestras de la orfebrería manuelina portuguesa.

Para sentir el pulso de la ciudad, nos perderemos en el mercado dos Lavradores, una bulliciosa lonja tradicional en la que las frutas, las verduras, las carnes, los pescados, las artesanías y las flores tropicales ofrecen todo un festival de olores y colores. Aunque últimamente frecuentada también por turistas, en este mercado, construido en los años 30 del siglo pasado, podremos catar frutas y verduras de temporada.

Nada mejor que el vino, todo un símbolo la isla, para maridar estas exquisiteces. Sin embargo, recomendamos acercarse hasta la Bodegas Blandy, para conocer la historia y proceso de elaboración tradicional de los caldos más prestigiosos de Madeira.

Antes de partir, y especialmente si eres aficionado al fútbol, puedes visitar el Museu CR7 , un centro dedicado a Cristiano Ronaldo, uno de los hijos más ilustres del lugar. Situado junto al puerto, el museo exhibe una estatua de cera a tamaño real del crack portugués, junto a sus trofeos más importantes. La pasión de los madeirenses por el futbolista es tal que incluso el aeropuerto de Funchal, considerado uno de los más peligrosos del mundo, ha sido bautizado con el nombre de Cristiano Ronaldo . ¡Buen viaje!

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